Petición

¡Oh belleza inmortal! Que de la muerte te burlaste,
y que invocada por el amor en sueños regresaste,
imprimiendo suavemente tus huellas doloridas
en caminos oscuros, nubes blancas y floridas.
A ti que las puertas del cielo triunfantes se abrieron
de par en par, y a la diosa prometida recibieron.
A ti que Satanás te teme y sus puertas te ha cerrado,
temiendo hurtes el corazón de un condenado.
A ti ¡Hechicera Despiada! Te suplico locamente:
propalar la ruta oscura a ese reino impenitente;
donde el dolor macera impíamente el infinito vacío
de mi corazón aturdido por un honor que no es mio.
¡Oh beldad, temida y anhelada! Das la calma de las horas
muertas, y el orgullo altivo de las joyas aterradoras
que lucen princesas muertas en negros festivales.
Adorna con tu sombra impura esta tumba llena de males
que guardará fielmente tus designios divinos de los mortales.

Sergio Gancino Lara
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La madrugada extraviada

Hoy me despertó la madrugada, extraviada,
con su respiración tibia
abandonando la vida prestada por la luna,
huyendo por las sombras de mi rostro.   
No reparé en tu rostro, hora dormida.
El lamento de una queja,
la presión de un dolor que corta la vida  
sobre mi pecho sin víceras, 
aprisionado por el peso de tu ausencia, 
respirando el frío que se evapora
en la antípoda de tus brazos de barro
me convocó a reunirme con tu ausencia.

Aún mis pasos se sostienen en lodo que sangra,
pero empiezan a temblar en las tardes y las noches 
mientras las calles se quedan solas,
mientras todos duermen en su catre en silencio,
a media luz, sin esperanzas,
abrazando un sueño que se desvanece,
y el sonido de la lluvia corre bajos mis pies
a refugiarse en la vastedad de tu vientre,
y las luces pierden su fuerza,
como mis pasos pierden su camino
como mis brazos pierden tu carne caliente 
como tu nombre se perdió llorando
en la noche que escribí tu partida. 
Ahora obligo a esas letras a declarar tu regreso. 


Busco la medicina de la leche caliente 
que los labios enfermos renacen con su tacto
a la media noche o al amanecer
con olor al nacimiento de la vida
pero no me queda más que sus palabras
y la bendición de su presencia divina,
no me queda más que robarle tiempo
a las horas de oro que se alejan
mientras miro sus sueños del cansancio
y la belleza sin edad descansa
intacta como una oración en medio de los cielos 
para esperar tu llegada de blanco
o preparar mi partida gris.


Sergio Gancino Lara

ALCOBA

El alba se desliza a toda prisa

por los cristales lilas de la habitación oscura,

trepa por las hojas negras nacidas en la pared,

y las mariposas inmóviles

con sus cuerpos: mitad luz y mitad muerte

persiguen los pétalos secos

que se alejan con la brisa retenida

en el interior del tiempo.

 

Mi maleta tirada en el piso,

llena de palabras calladas hace tiempo,

solo guarda el color de la ropa

que se destiñe con cada despedida,

guarda el cansancio de mi soledad,

la distancia recorrida para alcanzarte

medida en alegrías y tristezas,

guarda el peso de las letras

de libros con historias falsas

que me hablan de ti.

 

Tu partida con el alba deja

la habitación desdoblada en ausencia y silencio,

ausencia por las palabras de amantes efímeros,

silencio por que la palabra se aleja

y ya no estás conmigo.

Te marchas dejando tus caricias

recostadas a mi lado en posición que hiere

y mi rostro solo siente la mentira

de La sangre del tacto de tu beso

de despedida para siempre.

 

Sergio Gancino Lara

PASEO NOCTURNO

¿Quién ha sentido una vez en el alma
la paz verdadera? ¡Oh infeliz mortal!
Cuando haya muerto toda luz artificial
y las negras campanas expiren sin calma,

y con voz sepulcral susurren que es medianoche,
y en el cielo no existan Luna ni estrellas,
los demonios tomen apariencia de doncellas,
las luciérnagas de su luz blanca hagan derroche.

las tinieblas te ofrezcan un pueblo viejo y desierto:
dirige tus pasos al cementerio mas cercano,
caminarás con las sombras tomado de la mano
al único lecho que te guarda el descanso cierto.

Aquí no escucharás nada, el silencio es mudo,
aquí la vida derrotada para siempre se ha callado.
La luz nunca ilumina, solo el viejo blanqueado
de mi tumba delata las lágrimas de mi dolor agudo.

En esta callada mansión, oscura y sombría,
donde perpetua y soberbia reina la soledad,
seré huésped de honor para toda la eternidad
y recibiré los besos de mi amada día a día.

Sergio Gancino Lara

Fotografía (Klever Vásquez)

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Se acorta el olvido

Es tan tarde que las fuerzas me
Flaquean y no puedo escribir,
Tarde me refiero a la
noche que esta vieja como la madrugada,
Tarde para retener el peso del día
Sobre los párpados antiguos
Y mirar a lo lejos en la oscuridad
Una distancia de casi tres años
Mientras el reloj inmóvil
Retuerce sus venas secas llenas de polvo
Y me deja ver las huellas que dejaste
De tu última mirada

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Flores del abismo

Esas flores blancas del abismo,
en medio de la maleza virgen
tejida con colores melancólicos,
custodiadas por hebras de nubes
que se arrastran sobre el tiempo
que habita aterrorizado de rodillas
abrazando un sueño perdido.

Esas flores olvidadas
de perfumes evaporados,
de perfumes vírgenes,
de pétalos extenuados
por el tedio de vivir de blanco
deshojando sus pétalos en el olvido
cada hora, cada día, cada noche.

Esas flores sin nombre que nunca las veremos juntos,
tal vez tengan espinas de color a muerte,
tal vez guarden tu perfume en sus espinas
tal vez no tengan raíces
y vivan atadas a la espuma de las madrugadas
junto a las cascadas de aguas vírgenes
que estrangulan las piedras desgastadas por el tiempo.

Esas flores recogerán nuestros besos abandonados
en cada ida, en cada retorno, en cada encuentro.
y cuando pases engalanada de amor,
o con la tristeza a cuestas por los recuerdos,
aspiraras en silencio mi dolor por tu partida
que cada pétalo exhalará como último suspiro
antes de caer en las aguas que viajan sin rumbo.

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Ave María

Para Ricardo Benitez

Alabanzas agudas
de gargantas de ochenta años
expiran adoloridas,
como salidas de las piedras
con el llamado moribundo
de las campanas,
mientras los pájaros quiebran sus alas
en las ventanas de la iglesia
y la soledad se posa despótica
sobre el dolor negro
de los recuerdos.

El Ave María
deshaciéndose en las comisuras de la carne
con las notas mortecinas del piano
me elevan
me desploman
libre
encadenado
a los sueños
y a tu abismo
amada y despreciada
Soledad.

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